filip-gielda-474477-unsplash-min

La situación actual de UNASUR y posibilidades para 2019 — Lisa Belmiro Camara

La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), organización creada a partir de la firma del Tratado Constitutivo en marzo de 2008, el cual entró en vigor en 2011, constituye la etapa más reciente de los procesos políticos regionales en Sudamérica. Puede ser descrita como una iniciativa de cooperación entre los doce países de América del Sur, dejando afuera apenas la Guyana Francesa, que es una región perteneciente a Francia. Uno de sus principales objetivos es fortalecer la región como un espacio de integración y unión cultural, social, económico y político, como está mencionado en el Artículo 2 del Tratado Constitutivo.

UNASUR no debe ser entendida como un proceso de integración regional, si no como un fenómeno de cooperación (FUCCILLE, 2017), eso porque está más insertada en una lógica política, la cual prioriza sectores como defensa e infraestructura, que en una búsqueda de la integración económica. En particular, es importante observar la dimensión política de esa institución. La posibilidad de concertación política entre todos los países de Sudamérica, sin la presencia directa de Estados Unidos (EE.UU.), representa un avance importante para la región en términos de la búsqueda de autonomía. Entretanto, su característica intergubernamental, típica de los procesos de integración/cooperación sudamericanos, dificulta una continuidad en el diálogo político, es decir, al largo plazo todo puede cambiar si se cambian las prioridades de cada nuevo gobierno, algo que en general suele pasar.

El período progresista que vivió América del Sur en los años 2000 tuvo un importante rol en la creación de la organización. La disposición de los gobiernos en acercarse a los vecinos y buscar construir relaciones más sólidas permitió la consolidación de UNASUR en áreas como defensa, por medio de la creación del Consejo de Defensa Sudamericano (CDS), infraestructura, con la incorporación de la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), e salud, con el Consejo de Salud Suramericano (CSS), entre otras áreas. Además, el compromiso con la democracia ha sido básico en la actuación de la organización, lo que se puede observar por su participación en la resolución de crises democráticas en el subcontinente1.

El giro hacia la derecha que representa la actual situación de los gobiernos sudamericanos, entretanto, ha jugado en contra de la densificación de la cooperación vía UNASUR. El nuevo ciclo político, iniciado con la salida de Lula da Silva (Brasil) y la muerte de Hugo Chávez (Venezuela), fue seguido por cambios de gobiernos en toda Sudamérica y, poco a poco, el movimiento de acercamiento político producido por efecto de UNASUR perdió la fuerza. El punto máximo de ese momento fue en 2018, cuando la mitad de los Estados miembros (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Paraguay) suspendió su participación en la institución.

A parte de las tendencias políticas de centro-derecha en América del Sur, otra cuestión importante para entender la situación sobre la cual se encuentra UNASUR es la relación que tienen esos gobiernos con EE.UU. Se puede notar que EE.UU. ha usado los actuales gobiernos sudamericanos para dificultar la continuidad en los procesos de cooperación e integración regionales, que para ellos no es interesante que ocurra. Aún, la reaproximación estadunidense es una reacción a la fuerte presencia china en la región, porque al final lo que le importa a EE.UU. es mantener su hegemonía en el continente americano. Sin embargo, en el plano económico las reglas son otras, incluso porque es gran la posibilidad que ocurra una tregua comercial en la guerra de aranceles entre China e EE.UU2. Además, la identificación con las políticas económicas neoliberales por parte de esos actuales gobiernos refuerza la alineación con EE.UU.

El prejuicio político de la debilidad de UNASUR para Sudamérica puede ser observado, por ejemplo, en la actual crisis venezolana. Múltiples grupos de contacto fueron creados para manejar la situación, cuando lo podrían haber intentado internamente los países de la región vía UNASUR, sin que los principales actores fueran EE.UU. y Unión Europea. La disminución de la autonomía es, entre otros factores, el resultado de la debilidad de cohesión de América del Sur como región, a lo que se suman las interferencias externas.

Por esas razones, UNASUR puede tener perspectivas negativas a corto plazo, es decir que hay desinterés por parte de los actuales gobiernos en trabajar en mecanismos de concertación regional. Pero en un largo plazo, si se cambia el ciclo político, por ejemplo, la organización puede ser un importante actor para que América del Sur se constituya en uno de los polos de poder del panorama internacional. Las semillas de la cooperación regional ya existen, falta la comprensión de que Sudamérica tiene más fuerza en el plan internacional si está estructurada políticamente y unida.

 


Referencias

FUCCILLE, Alexandre; MARIANO, Marcelo Passini; RAMANZINI JÚNIOR, Haroldo; ALMEIDA, Rafael Augusto Ribeiro. “O governo Dilma Rousseff e a América do Sul: a atuação brasileira na UNASUL (2011-2014)”. Colombia Internacional. DOI: dx.doi.org/10.7440/colombiaint92.2017.02. 2017