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El desenlace del escándalo Windrush — María Durán Eusebio

El gobierno británico del conservador David Cameron (2010-2016) pasará a formar parte de la historia contemporánea por, entre otros motivos, el ya más que conocido referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. De igual manera, su sucesora Theresa May no solamente será recordada por reemplazar a Cameron tras la huida espantosa de este, sino también por sus fracasados intentos de hacer del Brexit una realidad. Debido a la notoriedad del Reino Unido como potencia económica, la política europea ha estado marcada desde junio de 2016 – mes en que se llevó a cabo el mencionado referéndum – por la posible independencia del país anglosajón, existiendo a la vez una gran atención por parte de los medios de comunicación respecto a esta posibilidad. Dicho interés en el terreno económico es, cuanto menos, problemático ya que ha derivado en la marginalización de aquellos ciudadanos que han sido y son más vulnerables a las políticas de hostilidad establecidas por los gobiernos conservadores británicos.

Para poder entender las violaciones de derechos humanos que acontecen en la Inglaterra contemporánea, y con extensión a Occidente, es necesario echar la vista atrás. Me refiero específicamente al nombramiento de Cameron como Primer Ministro en 2010 y, sobre todo, a la elección de May como ministra del Interior. Al centrarnos en la labor ejercida por May desde 2010 hasta 2016, se puede establecer que existe una relación entre el objetivo de crear un ambiente extremadamente hostil para los migrantes ilegales, la retórica de la derecha inglesa con respecto al Brexit y el escándalo Windrush. La política de May buscaba, a través de la aprobación de diferentes leyes, dificultar el acceso a trabajo, sanidad, hogar y educación a aquellos que, según el gobierno conservador, se ajustaban a las etiquetas de migrantes ilegales. Esta es, sin duda, una decisión equívoca ya que quedaba en manos del gobierno el establecer quien podía ser o, quizás mas importante, dejar de ser ciudadano inglés. De este modo, un año después del escandalo Windrush, ¿qué ha sido de aquellos que fueron víctimas de las políticas instauradas por May durante la legislatura de Cameron?

Con la elección de May como líder del partido conservador y Primera Ministra del Reino Unido, fue Amber Rudd quien sustituyó su cargo como ministra del Interior. Controvertido como su antecesora, Rudd saltó a la palestra nacional e internacional cuando se filtraron, entre otras informaciones, que el gobierno británico había amenazado a los miembros de la generación Windrush de ser deportados en caso de no poder justificar su residencia en el Reino Unido desde 1973 hasta la actualidad. Sin embargo, no fue ella la encargada de notificar estos hechos, sino que fue el diputado laborista David Lammy quien denunció lo ocurrido el 16 de abril de 2018 en el parlamento británico. Lammy, quien calificó dicho día como a day of national shame, pidió a Rudd explicaciones sobre la gravedad de lo acontecido y exigió, además, el número de personas que habían sido deportadas, detenidas como prisioneras en sus propios países, denegadas el derecho a la salud y al sistema de pensiones y, finalmente, el numero de personas que habían perdido su trabajo por la nueva legislación.

El discurso del laborista supuso que el foco de atención, por primera vez en mucho tiempo, se centrase en aquellas personas que contribuyeron y contribuyen a la historia de Inglaterra gracias a la ley de ciudadanía británica de 1948. Dicha ley recogía que no solamente eran británicos aquellos nacidos en Inglaterra, sino que también lo eran los ciudadanos de antiguas colonias. Es decir, la nacionalidad británica se convirtió, por decirlo de algún modo, en un premio por las distintas violaciones anticonstitucionales que se llevaron a cabo en tiempos imperiales. La consecuencia de esta ley fue la llegada en 1948 de 492 pasajeros caribeños en el barco Empire Windrush, sirviendo así de precedente para los mas de 500.000 personas que llegaron entre 1948 y 1971 a Inglaterra. Entonces, ¿cómo es posible que los derechos de estas personas hayan sido puestos en entredicho después de haber pasado 71 años? La respuesta tiene nombre y apellidos: racismo institucional. La instauración de una nueva ley migratoria por parte de May en 2012 ha complicado, coloquialmente hablando, la existencia de aquellas personas que son mas vulnerables en la sociedad occidental. Siendo por tanto una medida clasista y racista, May sembró los precedentes de su propio Brexit y de lo que ella consideraba una sociedad inglesa, cuanto menos, “pura”.

Sajid Javid, quien reemplazó a Rudd tras la filtración de que el gobierno manejaba una cifra prevista de personas que debían ser expulsadas como parte de su política migratoria, aseguró que resolver el escandalo Windrush era una de sus prioridades, prometiendo conseguir esto mediante la asignación de la ciudadanía a los miembros de esta generación. Sin embargo, ¿ha ocurrido esto? La respuesta, tal y como era de esperar, es no. El activista político Patrick Vernon denuncia esta situación al asegurar que tan solo 40.000 personas han conseguido ser reconocidas, por segunda vez en sus vidas, como ciudadanos británicos, dejando a un gran porcentaje de dicha generación en un metafórico y literal limbo institucional. Así mismo, los vuelos para deportar migrantes, que fueron anulados durante los 10 meses que siguieron a la caída de Rudd, volvieron a operar en febrero de este año.

Mientras la atención mediática y política se centra en la salida del Reino Unido de la UE, miles de personas viven en un estado de incertidumbre tras haberse convertido en ciudadanos ilegales de la noche a la mañana. La relevancia, pues, de ser negado el derecho a la sanidad, a beneficios sociales y a poder trabajar (entre otros aspectos) es que existen personas en riesgo de exclusión como consecuencia del racismo institucional. Esto supone que mientras ciertos sectores de la sociedad occidental se centran en los efectos económicos de un posible Brexit, Inglaterra alberga personas a las que su propio país les reniega su existencia. Es problemático, entonces, que Cameron y May (entre muchos otros políticos) pasen a la historia por una pésima gestión de su democracia, tal y como se ha evidenciado con la salida de la UE, y no por, respectivamente, las numerosas violaciones que han acometidos de derechos humanos.

 


 

Vernon, P. (2019) A year on from the Windrush scandal, justice for victims is still out of reach. [Online] The Huffington Post. Available at: https://www.huffingtonpost.co.uk/entry/windrush-scandal_uk_5cb5af95e4b098b9a2d9f9b5?guccounter=1&guce_referrer=aHR0cHM6Ly93d3cuZ29vZ2xlLmNvbS8&guce_referrer_sig=AQAAAEDarxEymSx0yAKXeY7bKgAG0bLKNbvD91htzHz8RKebP8Q9uEBNj2-xjeWfPXxB2h-fTbtezxkvdHRvifAkUkt4pmwpmeQANdMxWMuO5dH3UmXls3_pB_EC7HPZmPRS74IAhKVu9wXV8KD1Ywifoiqmos5V6oqj-4HKHU05c133 (Accessed: 17 Abr 2019)