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Irlanda del Norte: el cuento de nunca acabar — Aitor Díaz-Maroto Isidro

El pasado 18 de abril fue asesinada en Londonderry (o Derry, depende de a quién preguntes) la periodista Lyra Mckee por, según las investigaciones y la posterior reivindicación, el Nuevo IRA. Y, como muchos analistas ya predecían, esto se veía venir. La actividad de las disidencias republicanas contrarias al Acuerdo de Viernes Santo de 1998, la continuidad de una rivalidad y cierto resentimiento en la sociedad norirlandesa que nadie parecía querer ver y, para rematar, el Brexit, han hecho que Irlanda del Norte vuelva a abrir telediarios por algo que ya muchos creían solucionado y casi olvidado: la violencia política.

No obstante, esta situación de tensión, si bien se ha visto agudizada en los últimos años, se viene desarrollando desde la firma y aprobación en referéndum de los acuerdos de paz que ponían fin a los conocidos como Troubles1 iniciados entre 1968 y 1969 y que llevaron a la sociedad norirlandesa a una suerte de guerra civil de baja intensidad. En este pequeño texto me propongo enumerar cada una de las tres situaciones que han conducido a este resultado y a lo que muchos consideran como el posible regreso del conflicto norirlandés.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que la firma del Acuerdo de Viernes Santo que suponían el punto y final pactado a un conflicto armado que había acabado con la vida de miles de personas solamente se celebró entre el gobierno irlandés, el británico y los principales partidos unionista (Partido Unionista del Ulster), católico (Partido Socialdemócrata y Laborista) y republicano (Sinn Féin). Tras este acuerdo y su aprobación por referéndum en Irlanda del Norte y la República de Irlanda, el IRA Provisional anunció el final de sus actividades y, en 2008, el gobierno británico anunció que ya no existía ninguna estructura vinculada a este grupo. No obstante, otra serie de grupos armados protagonistas también del conflicto, no aceptaron la vía negociadora para la finalización de la violencia y optaron por la continuación de la lucha armada. Entre ellos se encuentran grupos como el IRA Auténtico, el Ejército Irlandés de Liberación Nacional (que aceptó el Acuerdo pero como una tregua y no una paz y que se disolvió oficialmente en 2009) y el IRA de la Continuidad (que surge tras la firma del Acuerdo). De estos, el IRA Auténtico y el IRA de la Continuidad se unieron en 2012 a otras facciones disidentes para conformar el Nuevo IRA, la organización que se ha adjudicado el asesinato de la periodista Lyra Mckee. Como podemos observar, estas disidencias no se han mantenido en un discreto segundo plano ni han acabado desapareciendo. Su actividad se ha mantenido desde 1998 con atentados diversos de los cuales destaca el perpetrado por el IRA de la Continuidad en Omagh ese mismo año.

La persistencia de estas células armadas con continúan utilizando la violencia para conseguir su objetivo de una isla de Irlanda unida en un único país hace muy difícil considerar que el conflicto norirlandés a siquiera comenzado a solucionarse. Nadie puede negar que la violencia de los años setenta, ochenta y noventa del siglo pasado ha bajado en intensidad, pero acciones como las que han ido desarrollando estas disidencias a lo largo de los años muestran que el conflicto está lejos de haber finalizado.

Igualmente, la división social que se vivió en aquellos años de los Troubles en las principales ciudades de Irlanda del Norte (Belfast y Londonderry/Derry) se ha mantenido a bajo nivel o, en ciertos aspectos, aumentado. En aquellos años se hizo conocido un método que las autoridades británicas y norirlandesas utilizaron para evitar los ataques entre las comunidades católicas y protestantes: la construcción de muros que separaban barrios enteros por la religión de la población (o, al menos, de su mayor parte). Estos muros, a día de hoy, continúan en pie o, como se puede leer en el artículo publicado en www.bbc.com el pasado 20 de septiembre de 20182, han aumentado hasta llegar a un total de en torno a cien en Belfast, la capital de Irlanda del Norte. A todo esto habría que sumar algunas situaciones de discriminación en colegios, reparto de viviendas, etc., situaciones heredadas del conflicto. Para añadir más problemas a este avispero europeo, el Acuerdo de Viernes Santo obliga a unionistas y nacionalistas formar gobierno conjuntamente. No obstante, en enero de este año se han cumplido dos años sin que ambas fuerzas políticas se pongan de acuerdo y conformen un gobierno estable, lo que hace que los unionistas ya hayan pedido a Londres que gobierne directamente el norte de Irlanda (recordando los peores años de los Troubles). Y esto se debe a que, en las elecciones de 2017, republicanos y unionistas quedaron a un escaño de diferencia (39 en favor de los republicanos nacionalistas y 40 para los unionistas).

La guinda de todo este pastel es, sin duda, el Brexit. La imposibilidad de que Reino Unido y la Unión Europea consigan llegar a un acuerdo hace que el conocido como “Brexit duro” se dibuje cada vez más nítido en el horizonte. El hecho de que se produzca una salida sin acuerdo de la UE supondría, en palabras de la Comisión Conjunta Norte-Sur de Irlanda, la ruptura del acuerdo de 1998 y la posibilidad del recrudecimiento de la violencia en una frontera inestable. Ante esta posibilidad, los católicos de Irlanda del Norte ven una posibilidad en ese estatus especial que se plantea en las negociaciones del Brexit para impulsar de nuevo la campaña por la unificación de la isla. Esta situación de incertidumbre en cuanto al futuro de las relaciones entre el norte y el sur de la isla de Irlanda, ha propiciado que grupos armados tanto unionistas como republicanos contrarios al proceso de paz vean la oportunidad de relanzar sus actividades. Es por esto por lo que los disturbios han aumentado y, según el Nuevo IRA, sus filas han crecido ante la escalada de la tensión en la zona.

Estos tres aspectos mencionados y analizados nos ayudan a llegar a la siguiente conclusión: la sensación de permanecer anclados en la situación que generó la violencia de los Troubles (los muros que separan barrios según religiones, las escuelas segregadas por el mismo motivo, la falta de un gobierno autónomo, atentados y disturbios) y la falta de un referente de futuro amenazado constantemente (la posibilidad de la aplicación de un Brexit duro y la vuelta de la frontera entre las dos zonas de la isla de Irlanda) hacen que nos comencemos a plantear hasta qué punto se jugó con fuego con el referéndum para salir de la UE. O, mejor dicho, si el conflicto en Irlanda del Norte se solucionará en algún momento o viviremos en un constante cuento sin final.