shane-rounce-319655-unsplash-min

¿Accidental o intencionado?: las fronteras del humor racial — María Durán Eusebio

“Cualquiera que conozca a Danny Baker podrá afirmar que no es una persona racista”1, aseguraba Greg Dyke el pasado 16 de mayo en The Pledge, programa de debates emitido por la cadena británica Sky News. Dyke, quien fue director general de la BBC durante cuatro años (2000-2004), aseguró que, de haber seguido al cargo de la corporación de radiodifusión británica, no habría tomado la decisión de cesar a Baker como presentador del programa emito por BBC 5. La relevancia del argumento de Dyke recae en el hecho de que el cómico Baker, tan solo dos días después del nacimiento del nuevo miembro de la familia real británica, realizó un controversial comentario en sus redes sociales personales. El tweet publicado desencadenó una infinidad de debates sobre las fronteras del humor y acerca del carácter de explotación de los medios de comunicación a la hora de tratar si determinadas expresiones, como las de Baker, son ejemplos de racismo accidental o intencionado.

El nacimiento de Archie Harrison Mountbatten-Windsor (6 mayo 2019) no se trata de un acontecimiento cualquiera. Estamos hablando del hijo del Príncipe Harry y Meghan Markle y, además, el séptimo heredero en la línea de sucesión al trono británico. La llegada de este bebé no solamente estuvo marcada por la agitación que supone para la monarquía y la ciudadanía británicas, sino que también por los modos en que los medios de comunicación cubrieron la noticia desde que fuese anunciada su llegada. Esto se debe, casi en su totalidad, a que no estamos hablando únicamente del nieto de la difunta Diana de Gales, sino que se trata del nieto de la afroamericana Doria Loyce Ragland. Difiriendo del modo en que los nacimientos de los hijos del Príncipe William y Kate Middleton fueron cubiertos por los medios, la llegada al mundo de Archie estuvo, ya antes de suceder, marcada por el carácter racial del pequeño.

Fue el 8 de mayo cuando Baker subió a su cuenta personal de Twitter (@prodnose) una fotografía en blanco y negro donde se podía apreciar a una pareja heterosexual blanca abandonando un establecimiento de la mano de un chimpancé. Además, este animal aparece disfrazado con traje, sombrero y bastón, dejando entrever una clara ridiculización del animal. Independientemente de la controversia que pudiese originar dicha fotografía, lo que realmente provocó el estallido final fue el texto que acompañaba al tweet: “El bebé real abandona el hospital”. Las consecuencias, al igual que las opiniones que se generaron al respecto, fueron diversas: mientras que muchas personas detectaron y denunciaron la relación entre el animal y la comunidad negra – representada en este caso por el recién nacido Archie – otras entendieron el comentario de Baker como un ejemplo de humor, por decirlo de algún modo, refinado e inglés. El cómico, como respuesta a lo acontecido, decidió borrar la publicación y, posteriormente, pedir disculpas, llegando a asegurar que habría usado la misma estúpida imagen si se hubiese tratado de cualquier otro nacimiento de la familia real, el hijo de Boris Johnson o incluso de su propio hijo2. El debate, aún así, ya estaba encima de la mesa: ¿racismo accidental o racismo intencionado?

Las personas que aseguraban que el comentario de Baker era un claro ejemplo de racismo intencionado se hacían valer tanto de su experiencia personal como de las diferentes asociaciones históricas que se han llevado a cabo entre el chimpancé y la comunidad afrodescendiente. De entre los numerosos ejemplos que existen del catalogado “monkey racism”, cabe destacar cómo el mito del simio en tiempos medievales, caracterizado por su piel negra, era usado para representar el pecado. De igual manera, fue durante la Ilustración (como periodo y movimiento cultural) cuando científicos darwinistas resaltaban las supuestas similitudes entre el mono y el hombre negro, asegurando que la capacidad física del hombre “Negro” le posicionaba en calidad inhumana y, por tanto, animalesca.

El cine, la moda y el fútbol también han dejado ejemplos de la señalada asociación, siendo King Kong una de las películas donde mejor se ilustra lo denunciado. En el caso de las marcas de moda H&M y Prada, fue en el 2018 cuando se vieron forzadas a retirar del mercado dos productos, siendo estos, respectivamente, una sudadera con el lema “coolest monkey in the jungle” y unas figuras de monos que caracterizaban a las personas negras como inferiores e ignorantes por medio del llamado “blackface”. Finalmente, uno de los ejemplos más significativos de racismo en el deporte es lo acontecido en el estadio de La Romareda cuando, mientras se disputaba el partido entre el Real Zaragoza y el Futbol Club Barcelona (febrero 2005), el camerunés Samuel Eto’o amenazó con abandonar el terreno de juego. El motivo no era otro que los canticos racistas que se podían escuchar cada vez que Eto’o tocaba el balón y que, una vez más, denotaban la relación entre el chimpancé y las personas africanas.

Afua Hirsch, columnista para el diario británico The Guardian, se vió rodeada en The Pledge por el ya menciona Dyke, junto a Rachel Sabiah Johnson, Maajid Usman Nawaz y Nick Ferrari, teniendo que hacer frente a cómo estos tertulianos defendían a Baker de las acusaciones. Estos mismos se amparaban en que, pese a existir una fina línea que los separase, el racismo accidental no podía ser considerado como intencionado. Además, lo que los tertulianos sugerían era que lo que realmente Baker quería expresar era que vivimos en una sociedad donde los bebes monárquicos desfilan para la sociedad como si fuesen monos de feria. Esta idea fue específicamente recalcada por Nawaz, quien hizo énfasis en la necesidad de distinguir entre dichos racismos porque si esto no sucediese estaríamos viviendo en una sociedad donde uno no tendría la oportunidad de saldar las deudas morales acometidas.

Siendo la única mujer negra en el debate de The Pledge, Hirsch defendió la necesidad de dialogar siempre y cuando el desacuerdo entre dos puntos de vista no estuviese basado en la opresión, la negación y el derecho a existir de uno de ellos. Lo que aconteció en el plató, sin embargo, fue una clara obligación, por parte de la columnista, de persuadir a los presentes y a la audiencia sobre cómo el comentario del cómico significa un hecho profundamente erróneo e indiscutible. La postura adoptada por la columnista, tal y como ella misma expone en su artículo de opinión “Expecting me to explain racism is exploitative – that´s not my job”3, dejó entrever el ya mencionado carácter de explotación de los medios de comunicación a la hora de tratar determinadas expresiones, ya sean estas racistas, sexistas u homofóbicas (entre otras). Esto significa que no solamente son limitados los espacios donde las personas racializadas pueden expresar su experiencia de opresión, sino que también implica que mujeres como Hirsch se hayan convertido en fichas claves para justificar demandas raciales y de inclusión en los medios de comunicación.

Así mismo, el hecho de que el foco de atención en la cuestión variase y se posase en la libertad de expresión reflejó la negación continua de la experiencia de racializacion a la que algunas personas están sujetas tanto en el Reino Unido como en otros países “civilizados”. Según afirmó la tertuliana Johnson, los periodistas y humoristas viven en una época de terror, sintiendo el pánico de decir cosas ofensivas, aun sin tener la intención de ello, y ser catalogados como aliados de un sistema represivo. Dicho argumento sirve para convertir en víctimas a aquellas personas, como Baker, cuyas libertades de expresión son, supuestamente, coartadas y, una vez más, dejar de lado a aquellas que sufren diferentes tipos de agresiones. Dar la vuelta a la balanza de víctimas y verdugos es especialmente preocupante ya que, tal y como Hirsch afirma, existen millones de personas negras que son objeto, en términos regulares, de este tipo de abusos y que encuentran espacios públicos, como The Pledge, donde se niega la existencia de un problema.

Habiéndose calmado las aguas agitadas por el suceso acontecido, la BBC ha vuelto a contratar a Baker – un acto que vuelve a vislumbrar los dobles estándares de los medios de comunicación. Queda en el aire y sujeto a especulación el hecho de que Baker no supiese, tal y como llegó a afirmar, que la princesa de Sussex fuese afrodescendiente. Aun así, hay algo de lo que no cabe duda y que es imposible negar: la comunidad negra tiene los índices mas elevados de depresión y ansiedad en Inglaterra, causados, en gran parte, por (micro) agresiones raciales. El desprestigio al cual Megan y su recién nacido han sido sujetos, y que tiene una extensión global, evidencia que determinados casos de humor son, en realidad, defensas de un racismo occidental. Es por ello que debemos preguntarnos, entonces, si realmente vale todo o no en el humor.