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Elecciones presidenciales argentinas: ¿entre la decepción y el miedo? — Joaquín Saravia

El 18 de mayo de 2015, tras imponerse por apenas dos puntos de diferencia al candidato del Frente para la Victoria, Daniel Scioli, el candidato de la coalición electoral Cambiemos, Mauricio Macri, asumió la presidencia de la República Argentina. Tras una intensa campaña que puso el eje en la necesidad de ‘cambio’, el nuevo ejecutivo presentó como objetivos prioritarios la limpieza y efectividad de las instituciones, el fin de la pobreza y la disminución de la inflación, así como sacar al país de lo que se presentó como un aislamiento internacional.

Cerca de cumplirse el mandato de Macri, Jaime Durán Barba, principal estratega comunicacional y electoral del oficialismo junto al Jefe de Gabinete, Marcos Peña, define el ánimo nacional de la siguiente manera: “Macri decepcionó”1. ¿Por qué decepcionó Macri? Vamos por partes. En el campo de la transparencia, la narrativa oficialista sufrió varios golpes significativos como la revelación, a través de los Papeles de Panamá, de la existencia de la empresa offshore Fleg Trading Ltd. Resonante fue también el decreto de necesidad y urgencia que, en contra de la voluntad de sus propios aliados, permitió el blanqueo de capitales a familiares de funcionarios públicos, entre ellos 4 millones de dólares de su hermano Gianfranco.

En el plano económico, la situación del país no solo no ha mejorado, sino que ha empeorado considerablemente. Tras los dos mandatos de Cristina Kirchner, con una inflación promedio del 25,2%2, Macri afirmó que “la inflación es la demostración de la incapacidad de gestión”3. ¿Cómo le fue? 2016 cerró con un 40%4, 2017 con un 24,8%5 y 2018 con un 47,6%6. El desempleo pasó del 5,9% de 2015 al 9,1% de 20187. En el mismo periodo, la pobreza subió de un 30% a un 32%8, mientras que el dólar estadounidense pasó de valer, según los números del oficialismo, de 14 pesos a los 45 actuales. El impacto en el valor del salario mínimo fue contundente, como demuestra la caída de un 55%9. Otro factor de gran impacto en el humor social ha sido sin duda lo que el oficialismo llama ‘sinceramiento’ y la oposición ‘tarifazo’, que no es otra cosa que la quita de subsidios a servicios como el agua, la luz, el gas o el transporte, con la consecuente subida porcentual del salario destinado al pago de los mismos. Cada vez más cerca de las elecciones, el consumo continúa cayendo, las empresas cierran y la prometida ‘lluvia de inversiones’ continúa siendo una sequía. Uno de los mantras del macrismo era la necesidad del país de crecer, pero ya cerca del final de su mandato el promedio será de estancamiento o incluso de caída.

El único verano económico del mandato coincidió con las elecciones legislativas de 2017, donde el gobierno obtuvo una victoria contundente aumentando su representación. Estas elecciones de medio término centraron su interés en la confrontación entre Cristina Fernández y María Eugenia Vidal, gobernadora de la Provincia de Buenos Aires y actor político mejor valorado del oficialismo. La victoria de Cambiemos sumió al gobierno en una euforia que dio por hecha la reelección de Macri. Pero en Argentina todo cambia y lo hace rápido: el terremoto financiero de 2018, con la devaluación de la moneda en una economía dolarizada, hizo temblar los cimientos del gobierno, crisis que fue afrontada con el retorno al Fondo Monetario Internacional (FMI) ante el fantasma del default. Esta acción fue considerada una derrota simbólica y el establecimiento de la deuda externa del 90% del PBI como la más alta de la región, mientras que el riesgo país se sitúa alrededor de los 900 puntos. En los escasos medios de corte opositor se repetía lo siguiente: “se fueron a la B”, utilizando el argot futbolístico que hace referencia a un descenso de categoría.

No ha habido más que dificultades desde entonces. El 2019, año electoral, no ha deparado más que duras derrotas al oficialismo, especialmente a nivel de gobernaciones provinciales (San Juan, Misiones, Neuquén, La Pampa, Córdoba, Río Negro, Chubut, Entre Ríos o Santa Fe, entre otras). Incluso la única victoria oficialista, con el radical Morales en Jujuy, dejó un sabor agridulce al perder un 15% de apoyo. Las malas perspectivas electorales han puesto en duda, incluso, la idoneidad de Macri como candidato presidencial, postulando como alternativa a María Eugenia Vidal. Es más, el aliado que aporta estructura territorial, la Unión Cívica Radical, puso en duda hasta el último momento su continuidad en Cambiemos, lo que habría supuesto el golpe definitivo.

¿Es posible que Cambiemos esté yendo de derrota en derrota hasta la victoria? Las malas perspectivas no le quitan la esperanza a Durán Barba ya que, si bien Macri desilusiona, “Cristina asusta” y “el miedo supera a la decepción”10. Este miedo a Cristina, latente en una parte de la población (entre el 20% y 30% de intención de voto que según las encuestas conserva el oficialismo), se ha ido construyendo comunicacionalmente a través de la posibilidad de que Argentina, con una vuelta del kirchnerismo, acabe como Venezuela e instaure un ‘ministerio de la venganza’ que persiga a opositores, jueces y periodistas críticos. Además, el gobierno no está solo: la confrontación furiosa del kirchnerismo con los principales medios de comunicación creó una enemistad solo comparable al apoyo de estos últimos al gobierno, a lo que hay que sumar la simpatía de Donald Trump vía FMI y de una región que en los últimos años giró a la derecha.

Sobre este supuesto ha construido Cambiemos su estrategia comunicacional y electoral. El razonamiento, encuestas y focus groups mediante, era claro: 1) Cristina Fernández es la opositora con mayor intención de voto, por tanto, no hay dudas de que se presentará como candidata presidencial; 2) La división del voto opositor hace que Cristina Fernández no pueda ganar en primera vuelta; 3) El miedo a volver al pasado (especialmente las sospechas de corrupción y los procesos penales que enfrenta) le quitan a Cristina Fernández la posibilidad de ganar en segunda vuelta. Ergo, hay que polarizar con ella.

Sin embargo, el 18 de mayo, Fernández pateó el tablero político argentino al anunciar que efectivamente sería candidata… pero a vicepresidente. El candidato presidencial de su espacio, Unidad Ciudadana, será Alberto Fernández, ex Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner que abandonó el espacio por desavenencias con Cristina. ¿Razones del regreso? La necesidad de vencer a Macri y lo que considera un cambio y autocrítica de Cristina. El perfil de Alberto se presenta más moderado, dialogante y pragmático debido a su buena relación con sectores peronistas distanciados del kirchnerismo (como el Frente Renovador, del cual formó parte) y con medios masivos de comunicación como el multimedio Clarín.

Este movimiento no carece de riesgo. Si bien son contextos diferentes, la incapacidad de Haddad de absorber todo el voto de Luiz Inácio ‘Lula’ Da Silva demostró que el voto no se delega. Por otra parte, la historia argentina con el “Cámpora al gobierno, Perón al poder” sentó un precedente que puede mostrar a Alberto como un potencial títere de Cristina. Dentro del ala más radical del kirchnerismo, puede advertirse también la posibilidad de que un ‘no puro’ se convierta para Cristina en lo que Lenín Moreno resultó para Rafael Correa en Ecuador.

Otro disidente que regresa es Sergio Massa, líder del Frente Renovador y político con más intensión de voto y estructura territorial tras Cambiemos y Unidad Ciudadana. Está por ver qué porcentaje del voto massista, cercano al 10% según las encuestas, lo acompaña en esta aventura. Esto se debe a que, hasta ahora, se presentaba como una alternativa intermedia entre las principales fuerzas. En una elección que se presenta reñida, la dupla Fernández-Fernández confía en que la incorporación de Massa le aporte los puntos necesarios para ganar, ya sea en primera o segunda vuelta.

Si bien la reacción del macrismo tardó en llegar, el contraataque fue interesante. Ante los reclamos de la UCR de ganar peso en el gobierno, se esperaba que Macri designara a uno de sus miembros como vicepresidente. Sin embargo, el presidente recuperó la centralidad política al seleccionar como candidato a Miguel Ángel Pichetto, ex líder del bloque peronista en el Senado. El perfil de Pichetto es interesante al tratarse de un peronista, hasta ahora orgánico, que acompañó a todos los gobiernos peronistas desde la vuelta a la democracia sin rechistar (Menem, Duhalde, Kirchner y Fernández). Tras formar parte del kirchnerismo hasta el último día de sus 12 años de gobierno, Pichetto se convirtió en un aliado clave del macrismo como dador de gobernabilidad. La elección fue bien recibida por los mercados, como evidenció la caída del riesgo país y del precio del dólar ante la expectativa de una mayor gobernabilidad… pero los mercados no votan.

¿Qué supone de cara a las elecciones la incorporación de Pichetto para el nuevo espacio Juntos por el  Cambio?  Lo primero es un cambio radical en el relato del oficialismo. Tras años culpando de los males de la Argentina a los inexistentes 70 años de peronismo y celebrando el supuesto fin del mito de que no se puede gobernar sin peronistas, Cambiemos suma a un peronista de 70 años. Solo las elecciones dirán hasta qué punto este movimiento puede llevar al antiperonista dudoso y desencantado a refugiarse en el voto en blanco o en el liberal José Luis Espert. Por otra parte, los posicionamientos de Pichetto en contra de la inmigración y de las ayudas sociales, así como de apoyo a la represión dura de la protesta social,  mueven a la coalición hacia la derecha conservadora. En principio, Pichetto tampoco aporta votos ni mucho menos estructura territorial. La decisión de Macri puede entenderse como un medio de atraer a peronistas no kirchneristas, tanto cargos como votantes, y de cambiar el eje peronismo vs. antiperonismo a uno república vs. populismo.

Pero en busca del voto peronista no kirchnerista está también Consenso Federal 2030, que tiene como candidato a presidente a Roberto Lavagna, reputado ministro de economía de Néstor Kirchner y Juan Urtubey, actual gobernador peronista de la provincia de Salta como candidato a vicepresidente. La unión de ambos es lo poco que queda de la tercera vía que intentaron conformar con Massa y Pichetto. Si bien no parece que tengan chances de acceder la segunda vuelta, está por ver si los puntos que le ‘roben’ a los espacios mayoritarios puede o no decantar la balanza para uno u otro lado.

El resultado final es incierto. De momento, todo indica que Mauricio Macri se convertirá en el primer presidente no peronista en completar su mandato desde la reinstauración de la democracia, lo que significa un triunfo institucional para el país. Ahora bien, ¿será capaz de continuar con la tradición de que cada presidente que se presenta a la reelección la consigue? Las cartas ya están sobre la mesa, toca que hablen las urnas.