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Argentina tras las PASO 2019: un presente angustiante, un futuro de incertidumbre — Joaquín Saravia

En la Argentina un día es un siglo. En mi artículo anterior1 presentaba, tras el cierre de listas, el difícil contexto político y económico con el que Macri se dirigía hacia las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias). El resultado a nivel nacional fue sorpresivo para un gran sector de la población, no por la coalición ganadora sino por la diferencia: el Frente de Todos (Unidad Ciudadana, Frente Renovador, sectores del progresismo y de los movimientos sociales populares y de izquierda) se impuso a Juntos por el Cambio (PRO, UCR y CC-ARI) por un 49,49% a un 32,93%2, resultado prácticamente imposible de remontar.

Aunque la economía fue el factor decisivo, la campaña electoral ayuda a explicar tamaña diferencia. Mientras que la oficialista se resume en un “no volver al pasado” (un populismo corrupto, aislado y autoritario), la del Frente de Todos lo hace con un “volver al asado” (mayor calidad de vida, a través del consumo, para las capas medias y bajas). La narrativa oficialista fue errada porque, como se publicó en el Financial Times, el presidente perdió el contacto con la realidad3. Mientras que la población empobrecida estaba desesperada por no llegar a fin de mes, el oficialismo hablaba de obras públicas y de que su derrota significaría el final de la democracia. Este mensaje, carente de propuestas encaminadas a mejorar la economía, lo encerró en su núcleo antiperonista.

La consciencia de la derrota inminente llevó al gobierno, obsesionado con las encuestas, a cometer errores no forzados. Por ejemplo, el 4 de agosto el presidente tuiteaba de forma insólita, como si de Donald Trump se tratase, lo siguiente:

«A NADA LE TIENEN MÁS MIEDO QUE A PERSONAS COMO VOS DICIENDO QUE ME VAN A VOTAR». Decir públicamente a quién vas votar tiene un efecto inmediato sobre los demás. Tu declaración funciona como un cartel que fija una posición e invita a los otros a hacer lo mismo. No se necesitan argumentos, no es necesario dar explicaciones. Es tu autoridad, tu confianza, tu credibilidad, la que tus relaciones valoran para acompañarte en tu decisión4.

El tuit se explica por sí mismo. Mientras que Juntos por el Cambio se escoraba cada vez más a la derecha, ofreciendo crispación y confrontación con el mensaje ‘tacheriano’ de que no hay alternativa, el Frente de Todos ocupó el centro. Consciente de tener el núcleo duro kirchnerista asegurado, Alberto Fernández centró sus esfuerzos en recuperar al votante peronista receloso de la candidata a vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Su discurso moderado, prometiendo el fin de la grieta y un modelo económico basado en el consumo interno, fue capaz de sumar el apoyo de la práctica totalidad de los gobernadores peronistas que, en años anteriores, se habían distanciado de su compañera de fórmula.

La reacción del presidente tras la derrota hizo mucho daño al país. Tras la mala reacción de los mercados del día siguiente, un Macri descolocado culpó a la democracia de los males de la Argentina y demandó a los ganadores un acto de autocrítica por el empeoramiento económico5. Estamos así ante un hecho inédito: un gobierno que durante 3 años culpó de sus malos resultados a la herencia recibida, culpaba de los males actuales al gobierno del futuro.

El camino hasta el 27 de octubre (fecha de la primera vuelta presidencial) está siendo muy largo para los argentinos. Si hay una expresión popular que resuena constantemente a ambos lados de la grieta, esa es ‘panquequismo’, en referencia a quienes están abandonando el barco macrista tras casi una gestión de romance. Es el caso de periodistas, grandes empresarios y quién sabe si el FMI, que ya se reúne con la oposición buscando acuerdos de futuro. La consciencia de que Macri es el pasado ha creado algo muy similar al vacío de poder cuando falta un mundo para el inicio del próximo gobierno.

En este contexto, el objetivo real de Macri es acabar su mandato en la difícil tesitura de ser candidato y presidente a la vez. Las medidas de urgencia tras la última devaluación de la moneda (de 45 a 60 pesos por dólar) no reflejan serenidad sino improvisación y muchas contradicciones. Ejemplo de ello es la aplicación de medidas muy similares a las que, durante el gobierno anterior, eran tachadas de populistas (bonos de dinero, IVA al 0% y un cepo para frenar la fuga de capitales).

¿Qué le espera al próximo gobierno? Con la victoria en primera vuelta prácticamente asegurada, el principal interés del Frente de Todos es una transición ordenada que le permita recibir un país en las condiciones menos ruinosas posibles. En consecuencia, Alberto Fernández se encuentra ante el desafío de dialogar con el gobierno para dar tranquilidad a los mercados, a la vez que es crítico con las políticas oficialistas en favor del sistema financiero. Su principal desafío en este caso será la renegociación de las condiciones de pago de deuda con el FMI.

El contexto internacional tampoco ayuda. La restauración conservadora continental de los últimos años, encabezada con Trump en Estados Unidos y Bolsonaro en Brasil, presenta un contexto hostil. La incertidumbre es aún mayor si se añade el polémico tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea.

Pero el mayor desafío será la contención de la conflictividad social en un país con altísima inflación, pobreza e indigencia. El hambre ha vuelto a ser un problema en el país y la paciencia de la gente, así como la capacidad de un gobierno con recursos limitados, serán puestas a prueba. La Argentina necesita políticas de Estado y un pacto social para hacer frente a lo que se viene. Esto parece improbable debido a la gran polarización existente en la sociedad. Todo indica que el futuro gobierno de Alberto Fernández estará plagado de dificultades económicas y sociales, caminando siempre al borde del abismo. Las condiciones están dadas para un gobierno de transición que sacrifique su capital político en pos de una mejora a medio-largo plazo. Ahora bien, hablamos de un país con el cortoplacismo como estilo de vida en una situación de urgencia. Demandarle tamaña tarea a un gobierno que se define como popular parece poco realista e injusto para las víctimas del fracaso económico.