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La Villa 31 y su largo camino hacia la urbanización — Tomás Capalbo

Integrante del Área de Estudios Urbanos del Instituto de Investigaciones Gino Germani (Universidad de Buenos Aires).

La Villa 31 de la Ciudad de Buenos Aires es uno de los barrios populares más emblemáticos de latinoamérica. Ubicada en una zona neurálgica, a escasos metros de Retiro y Recoleta, permaneció desde la década de 1930’ como símbolo de una desigualdad urbana que, si bien cambió en sus formas, aún persiste. Se conformó con la llegada de inmigrantes provenientes de Europa que abrazaron la Argentina como salida frente al drama de las guerras. En los albores de la segunda mitad del Siglo XX recibió las migraciones internas impulsadas por una economía en expansión al calor de la industrialización por sustitución de importaciones. Por último, hacia finales del siglo en cuestión y a principios del corriente, el barrio cobijó a migrantes de países limítrofes que llegaban en busca de mejores condiciones laborales.

A lo largo de su casi centenaria historia, fue objeto de diferentes políticas públicas. Atravesó procesos de desalojo con distintas dictaduras militares e incluso se vio amenazada una vez recuperada la democracia, en el marco de la construcción de parte de la traza de la Autopista Illia. Se alternaron, a su vez, distintas intervenciones que  funcionaron como paliativos para dar respuesta parcial a un déficit habitacional que sin embargo se agravó con los años. En paralelo, un grupo de vecinos organizados luchó históricamente por una solución integral a los múltiples problemas que enfrentaban: ausencia de servicios públicos de calidad, condiciones de hacinamiento y estigmatización por parte de sus coterráneos.

Luego de intensas jornadas de movilizaciones y reclamos, una alianza conformada por vecinos, organizaciones sociales y académicos comprometidos con la causa, consiguió en el año 2009 la aprobación de una de las primeras leyes de urbanización de villas. El ejecutivo, sin embargo, postergó su implementación durante seis años. El letargo llegó a su fin en el año 2015, cuando el partido de gobierno de la ciudad adopta un discurso más afín a los reclamos de los habitantes de las villas de la ciudad. En este nuevo período que se abre, la disputa política ya no se da entre dos visiones antagónicas respecto de la legitimidad de los sectores villeros a habitar la ciudad, sino que la cuestión pasó a centrarse en el cómo. En cómo urbanizar, en cómo implementar la política y en el rol que se le iba a asignar a los sujetos de derecho en el proceso, es decir, en qué tipo de participación se iba a viabilizar para la comunidad.

La apertura de un nuevo ciclo

En el marco del nuevo enfoque de las políticas respecto de las villas, se crea la Secretaría de Integración Social y Urbana (SECISYU), un organismo cuyo único fin es llevar adelante la urbanización de la Villa 31. Durante estos últimos cuatro años, el organismo impulsó una serie de intervenciones, entre las cuales se destacan el mejoramiento de viviendas existentes, la generación de vivienda nueva, el mejoramiento de infraestructura para la provisión de servicios (agua potable, tendido eléctrico y cloacas), la rehabilitación de espacios públicos (fundamentalmente plazas, pero también canchas de fútbol) y el diseño de una nueva ley de urbanización.

Para llevar adelante los proyectos mencionados, la SECISYU contó con un presupuesto sumamente abultado. Mientras que el Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) que tuvo bajo su órbita la urbanización de 6 villas (Rodrigo Bueno, Playón Chacarita, Villa 20, Villa 21/24, Villa 1-11-14 y Lamadrid) recibió un presupesto de $8.235.795.807 entre 2017 y 2019 inclusive, el presupuesto de la SECISYU para el mismo período ascendió a $10.546.295.341. Es necesario remarcar, a su vez, la incidencia que han tenido los organismos multilaterales de crédito en el caso de la 31 a diferencia de lo acontecido en el resto de las villas de la ciudad. Del monto otorgado a la SECISYU en el período indicado 69,38% corresponde a financiamiento externo (del BID y el BM). En el IVC, por su parte, el total presupuestado corresponde a fondos del tesoro de la Ciudad, recursos propios y transferencias internas, es decir que no contó con financiamiento externo.

La inyección de tamaña suma de dinero merece ser puesta en contexto. En las zonas aledañas a la villa, florecen iniciativas tanto públicas como privadas que están cambiando la estética del barrio de Retiro con gran celeridad. En efecto, no sólo se rehabilitaron las estaciones ferroviarias y un conjunto de edificios públicos, sino que también se anunció la construcción de un High Line y un Edificio-puente, cuyas características e implicancias merecen un artículo aparte. En paralelo, enormes parcelas de tierras públicas están siendo subastadas y el precio del metro cuadrado se comienza a disparar. En este contexto, los vecinos comienzan a pensar esta yuxtaposición de proyectos en términos de gentrificación. El desafío, entonces, pasa por la creación de instrumentos urbanísticos que le aseguren un derecho al arraigo a la población, a la vez que se vuelve menester generar condiciones para mejorar la situación económica de la comunidad.

Los vicios ocultos de la urbanización

Recientemente la política de urbanización de la Villa 31 cobró trascendencia en el plano internacional al ser premiada en el Foro Económico Mundial de Davos. Quedó seleccionada como “uno de los 100 proyectos más integradores a nivel global”. Obnubilados por el gigantismo de la intervención, quizás, o por la perspectiva empresarial de los funcionarios que lideran el proyecto, los veedores no se detuvieron a escuchar voces críticas de la urbanización ni a inspeccionar los nuevos complejos de vivienda construidos en tiempo récord. Allí los vecinos, luego de atravesar procesos de relocalizaciones sumamente autoritarios, tienen que lidiar con las fallas de construcción inherentes a las viviendas entregadas por el gobierno.

Evidentemente los evaluadores ponen el foco en la escala y en los tiempos. En efecto, en cuatro años se construyeron alrededor de 1400 viviendas nuevas y se encuentra avanzado el plan de infraestructura para la provisión de servicios básicos. Pero lo que se les escapa a esta comunidad de empresarios sociales es el sentido de la escucha, primero, y la empatía con la población, segundo. Ignoran el stress, la depresión y los ataques de pánico, en algunos casos, en el que estuvo sumida la población relocalizada luego de un proceso de profundo autoritarismo en la toma de decisiones y de incomprensión de las costumbres de los habitantes. “Queríamos unas viviendas de material, de ladrillo, como estamos acostumbrados a vivir. La mayoría de nosotros trabaja en la construcción y son los materiales que solemos manejar. En cambio tenemos una casa de papel, ¡como la serie! Parece que se inspiraron en el nombre de la serie”, dice un vecino.

A tan sólo tres años de su construcción, uno de los nuevos predios de vivienda nueva denominado Containera, cuenta con graves problemas edilicios. Ante los numerosos reclamos hechos a la SECISYU, los vecinos consideran que no se los reconoce como sujetos de derecho. “Las arquitectas del gobierno nos dicen que no nos quejemos, que estamos mejor que antes” o “la de la empresa de mantenimiento nos dijo que nuestra vivienda tampoco es un Mercedes Benz, que las fallas son lógicas”, son algunos de los testimonios de los vecinos. Cansados de los atentados contra la dignidad, decidieron dar la disputa también en el frío reino de los números. A partir de un relevamiento que hicimos junto a vecinos en las nuevas viviendas1, se pudo establecer que todas tienen problemas estructurales: filtraciones, fisuras, entre otras cuestiones graves. Los números, al ser movilizados por la alegre rebeldía de los vecinos se volvieron cálidos, y a pesar de que aún no se solucionaron los problemas, el reclamo viene cobrando vigor.

Hoy se percibe que la lucha siempre fue por algo más que por la urbanización del barrio. La lucha fue y sigue siendo por la dignidad del pueblo, por la participación en el trazado de nuevos horizontes y por el respeto a las formas de vida de sus habitantes.